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2021

Verónica Carbone

Verónica Elena Carbone es analista practicante de la AMP y EOL. Responsable del Seminario Diurno de la EOL Discusiones Clínicas. Interlocutora de la Delegación Gualeguaychú IOM2. Y asesora de Lien Salud Mental.
Apasionada por el psicoanálisis su formación fue siempre alrededor del Campo Freudiano y Orientación Lacaniana. Abocándose al estudio de las Referencias de Lacan.

Contingencia en nuestro loquero

Una perspectiva desde el psicoanálisis "Los entreactos de mi vida han sido demasiado largos…"; (del marqués de Sade, que pasó casi toda su vida en prisión)

I. Psicoanálisis y caos
“Un esfuerzo más en nuestro loquero…” no deja de remitir al marqués de Sade, en esa  especie de manifiesto que reclamaba a los “Franceses: un esfuerzo más si queréis ser republicanos”. 
Hay un extraño nexo ente la política, la felicidad, el contagio  y la locura. La devastación  del coronavirus, tal vez, alcance a los valores.  Como si todos fueran habitantes simultáneos de una cápsula, cuyos compartimentos internos se agitaran periódicamente. Según la intensidad del desorden en cada caso, se agranda la amenaza, el miedo podría propagarse, haciendo signo de muerte.
El caos acecha la salud general. Se altera  el sentido del tiempo y del peligro. En variados países, lo irascible domina el criterio general alterando el simbólico que nos habitaba y proliferando un imaginario a veces devastador.
El encierro cambia los humores y se ensucian los lazos de convivencia. ¿Dónde ubicar al loquero?, ¿dónde está?: dónde el límite de los cuerpos entre sí. ¿Cuál será la relación del espíritu, la carne y la locura? Lo que divide ya no cierra. Tampoco abre, porque de manera imperceptible va cambiando el sentido del espacio.

II. El cuerpo y el lenguaje
Podríamos, intentar el rastreo de cómo pensar el cuerpo desde el psicoanálisis. Mirando el  presente a través  del señalamiento que hizo Lacan cuando sostuvo que el lenguaje “le regala” un cuerpo al sujeto: inducimos que el cuerpo es algo que no va de suyo.
Una contingencia como está siendo el COVID19 nos revela un real, objetivable, indominable por ahora, que se diferencia de ese un real lacaniano, el que escapa al orden del discurso.
Las reacciones han sido diversas: la negación del virus, el terror ante la amenaza e incertidumbre, el cambio de objetos de necesidad, pues el alcohol, en su versión medicinal, y los barbijos se volvieron imprescindibles cuando antes no se los registraba.
El virus vino a agujerear nuestra cotidianeidad y nos confronta con muchas lecturas que están en curso. Desde el cambio provocado en la práctica en el que la presencia se ausenta, y surge la pantalla con la distorsión de nuestra imagen y el esfuerzo en sostener aquello que se congela de momentos. A su vez permite el contacto con muchos más a partir de los seminarios y actividades que han surgido a partir de ello.
Pero este encuentro virtual con pacientes, amigos y relaciones sociales que impiden el contacto, tiene como contrapartida el, siete días por veinticuatro horas de la presencia familiar en los que viven con otros.
Se está obligando a una inactividad de lo cotidiano, y a una actividad virtual incesante como todo medio tecnológico que al

decir anterior implica un constante bombardeo de flashes que nos hacen decir “un esfuerzo más, en nuestro loquero, para los jóvenes analistas”. Lectura de las consecuencias en las que estamos inmersos en un working progress. Necesario sin duda pero no sin tener en cuenta la estructura conceptual en la que nos apoyamos.
Practicamos con la palabra, tenemos como hipótesis el inconsciente, es más lo construimos en el espacio del análisis, algo contingente explota y la subjetividad se encuentra tocada por eso.

III. El tejido probable de las representaciones
Lo que antes, conforme al sentido común,  se pensaba como mundo o situación “objetiva”, ya no existe. Se perdió la coherencia. Lo que resta son escombros, restos cohabitantes interrelacionados, en estado de enfrentamiento submarino, dentro de un gigantesco termo o burbuja. Lacan en su escrito Kant con Sade, y Miller, en su artículo del 27de abril del 2007. Lacan lector de Saint-Just, rememoraban el Thermo, por el Thermidor post Revolución Francesa. La palabra “restos” ejerce, sin embargo, la magia del lenguaje que nombra lo que sobra, lo que falta y lo que todavía no.
Se ha roto el sentido anterior del tiempo cronológico, entrando de pleno, al tiempo lógico del que hablaba Lacan. Ello, tiene que ver con la fundación de la  Ética en tiempos de Julio César. Porque la persistencia de las ruinas es lo que resta para reiniciar la memoria y da la posibilidad de reescribir la historia.
Eso mismo es una de las tareas del psicoanálisis dentro de lo singular.

IV. Del cuerpo físico al cuerpo virtual
Se llama “cuerpos” al conjunto de partes que forman un ser vivo, pero en un uso habitual cuerpos hay muchos, entre ellos los tecnológicos. No se sabe todavía cómo están atravesados por el lenguaje, salvo el de aquel que lo “programa”.  El lenguaje humano que persiste fue realizando su ordenamiento.
Pero están los organismos,  “vivientes”,  cuyas respectivas imágenes coexisten. Una gestal visual que les da cierta coherencia.
Claramente se ejemplifica en el Estadio del espejo, en el que hay una discordancia entre el júbilo de la imagen y lo disruptivo del organismo. 
Acá podemos ir a lo que pasa en la esquizofrenia en las que partes de su cuerpo se le desprende imaginariamente, o sea no pasa esta fragmentación por el significante ni por la imagen en el espejo que contradice este sentir. Tan diferente al síntoma conversivo en el que es el significante lo que trastoca la función del organismo.
Pero entonces ¿un cuerpo? Si con Lacan decimos en su primera etapa que el cuerpo existe a del lenguaje, y a su vez es secundario. Dado que no por tener un cacho de carne se tiene un cuerpo, es que el lenguaje incide en el organismo, con una pérdida de goce  generando a su vez un plus de goce y el deseo.
V. La paradoja del goce y la pluralidad de los objetos
El goce en nuestra práctica es una paradoja que Éric Laurent ubica  cuando dice: “…en que ante todo es trauma, por lo que constituye un agujero en el tejido de las representaciones del sujeto”1. Presencia de Otra cosa. El cuerpo entonces es la casita del goce, él lo habita. Y allí vamos intentando cubrir, tapar algo de eso irrepresentable con objetos.
Los objetos en plural son variados, se encuentran los de la necesidad, cortos en su rentabilidad y producción. Los del deseo que despierta ese plus por tener algo que brille y tape lo que falta. Y los del goce, son aquellos que parten del discurso contemporáneo capitalista, cuya característica es ser inmediatos y caducos. Volviéndose ineficaces rápidamente. A esta economía de mercado y discurso Jacques Alain Miller les llama la producción que toma las riendas de la civilización 2.

El cuerpo en su estatuto imaginario, sin imagen, simbólico imaginarizándolo y atravesado el organismo por el lenguaje hace a ese cuerpo secundario y alberga lo real.

VI. Del trastorno del sujeto al loquero del virus
Lo real no es para nada la biología, en todo caso lo sería para la ciencia. En nuestro psicoanálisis el cuerpo si bien no deja de estar en el campo del lenguaje Lacan se esfuerza, en el

1 Laurent- E: El reverso de la biopolítica. Ed. Grama, Bs.As. 2016, pág.17
2 Miller, J,A, Todo el mundo es loco. Ed Paidós, Bs.As. 2015
desarrollo que hace JAMiller en su curso “Todo el mundo es loco”3, en conducirnos a lo real. Es el trastorno del sujeto con su propio cuerpo, el parlêtre, del que comienza a hablarnos. Eso de lo que no contiene ningún saber sino que se aloja en un discurso como elucubración, que ya no es causa, sino un orden que impone lo simbólico a lo real y aun así no lo captura ningún sentido. Un real de ausencia, producto del agujero que queda sin atrapar, pero que es significancia.
La contingencia del virus tocó también ese un real singular, el tratamiento que se le dé para arreglárnosla dejando de lado el miedo, el pavor, para soportar lo que angustia y eso conducirnos a “un esfuerzo más en nuestro loquero, jóvenes analistas”, sin retroceder ante este desafío de invención creativa.

3 Miller, J, A, Ibíd.
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