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2021

Melina Seldes

(Arg., 1981) lleva más de 20 años de actividad sostenida con referentes y agrupaciones de la escena internacional y local a través de la cual se desempeña como artista escénica y en los campos de la investigación y docencia. Sus proyectos son apoyados por importantes instituciones y organismos a nivel nacional e internacional: tales como el Ministerio de cultura de GCBA, Ministerio de Cultura de la Nación, Fondo Nacional de las Artes, Instituto Nacional del Teatro, La Manzana de las Luces, Centro cultural de España en Buenos Aires (CCEBA), Fundación cultural suizo argentina, Embajada de Argentina en Grecia, Inglaterra y Suiza, Teatro Nacional de Escocia, Asociación Abuelas de Plaza de mayo, entre otros.
Dirige el Centro de Investigación CILEM. Creadora del programa EL INTERPRETE_THE PERFORMER. Integra la compañía suiza PICCOLI PRODUCTION con quienes trabaja desde 2002 y es colaboradora del coreógrafo escocés ANGUS BALBERNIE, entre otros artistas. Comparte sus trabajos en escenarios e instituciones en decenas de ciudades de Argentina y Europa, entre otros destinos. Su última creación, el unipersonal, LA ILUSIONISTAcontinúa de gira, Covid-19 mediante.
Es miembro de las redes internacionales IDOCDEy FINGERSIX, y en Argentina de la agrupación ESCENA y del equipo de programación de la sala
CONTACTO
www.melinaseldes.com  / melina@melinaseldes.com / #melinaseldes
+54 9 11 41790503

Un tratado de sensaciones

Melina Seldes*. CABA, Junio 2020
A ochenta y tres días de la cuarentena en curso, comparto mi experiencia como docente y artista dentro de este contexto inédito. La intención es compartir reflexiones sobre el valor de la palabra como movilizador del cuerpo, la apariencia del cuerpo virtual y la convivencia con el propio cuerpo.
En estos últimos casi 90 días, donde fue decretada una cuarentena y haciendo uso de lo virtual como instrumento, he puesto a prueba la validez y capacidad del trabajo grupal y de las prácticas que propongo lo cual ha sido estimulante y revelador.
A lo largo de los últimos quince años me he dedicado a investigar y experimentar en torno a la relación de los siguientes conceptos: cuerpo / contexto / lenguaje / discurso; que tiene como objetivo desarrollar formas ampliadas y precisas de actuar, moverse y vincularse. La actividad propone un contexto de trabajo y diálogo entre instancias particulares y colectivas, potenciando singularidades y ampliando las posibilidades resolutivas y ejecutivas del hacer escénico, la exposición pública y la comunicación en general.
A través del estudio y aplicación de una práctica integradora del cuerpo/mente y del uso de un imaginario, entendido como un catálogo de imágenes, que realza e inspira respuestas creativas y movimientos corporales. Cualquier fuente que inspire al individuo a una respuesta identificable y que puede
ser presentada como una metáfora es útil en esta práctica. A partir de mi investigación “La resonancia del cuerpo del intérprete en el cuerpo del espectador” (Londres, 2007). Cuya hipótesis plantea, en el contexto de una obra de teatro físico/danza el evento teatral ocurre en el cuerpo del espectador.
Desde allí, pongo el foco en el quehacer de aquel que interpreta. El intérprete como un individuo que da forma y sentido a una idea, que al traducir a su propia lengua, involucra su cuerpo, re-apropiándose de aquello que dice y hace. A su vez, es de mi interés la capacidad del intérprete de provocar una resonancia en su propio cuerpo, y así generar empatía en un otro cuerpo y producir una resonancia.

El valor de la palabra como movilizador del cuerpo
Al comenzar la cuarentena mi primera reacción fue asumir, que al no suceder los encuentros de cuerpo físicamente presencial no podría suceder esa empatía. Como muchos, entré en un pensamiento apocalíptico: “se termina la danza, el teatro, los vínculos”. De todos modos le propuse a las personas con quien trabajo seguir practicando online.
El hecho de no poder accionar ó reaccionar físicamente, jugar con el uso de mis gestos, la posición de mi cuerpo, mi cercanía y lejanía, mi mirada así como proponer trabajo de contacto físico, y dar indicaciones con mis manos se manifestó la principal herramienta con la que contaba: el decir. Que aún formando parte de mi práctica cotidiana, en este caso específico sin la interacción del cuerpo tuve que empezar a generar cercanía, distancia, provocación, sugestión, ficción, solo con el
decir y el silencio, el no-decir y el decir sutil ó firme. Donde los desafíos de siempre como el malentendido ó la confusión, quedaron aún más expuestos.
Tuve, por sobre todo, que apropiarme de las posibilidades dentro del lenguaje para vincularme y afectar al otro. No solo adentrarme en mi uso del lenguaje, sino el modo de involucrarme con aquello que digo ó no-digo. Una suerte de interpretación participativa con aquello que me pasa al decir. Tuve que hacer un ejercicio de escuchar mis propias palabras como si fuese un participante más. Adaptar mi rol, no solo ser la que guía, sino la que se deja atravesar por sus propias palabras y no sabe qué le va a producir. Ahora el practicante tiene que sentirse tocado porque lo que digo y generar su propio texto, no citarme en su carne. Y más aún, un nuevo contexto de trabajo donde ninguno sabe qué es lo que va a pasar realmente.

El desplazamiento y la convivencia
Otro ingrediente distintivo en estos tiempos tiene que ver con el confinamiento, sin tener grandes desplazamientos espaciales, más allá de la obviedad que el cuerpo es quien nos contiene y permite trasladarnos, me encontré con la sensación de verme alojada por mi cuerpo.
Mi cuerpo, es, ahora el lugar donde vivo, transformándose en mi casa y mi casa pasó a ser el mundo.
Mi lugar en el mundo es el cuerpo, inclusive a veces un poco asfixiante, con todas sus complejidades, deseos, errores y con lo que puede. El confinamiento es sin duda una experiencia
extremadamente corporal, donde me encuentro diciendo: "Ah … esto era estar en el propio cuerpo", "Ah … esto era encontrarse con la propia limitación".
Hasta ahora esas limitaciones tenían que ver con imposibilidades circunstánciales, ya sea por una enfermedad, ó por una indicación, ó por cualquier eventualidad, pero con un límite temporal y con una visión del futuro que espera. Hoy por hoy tengo solo la limitación diaria, y ya son casi 90 días, de estar en el propio cuerpo y no saber con certeza qué y cuándo vendrá lo que sigue.
Hay un tipo de desplazamiento que continua sucediendo. La mente nos puede trasladar, con mucha velocidad, nos puede llevar de acá para allá, de la casa de una amiga, a viajar a la India, a Japón, a mis sueños, a mi pasado, a mi futuro. Al mismo tiempo, el cuerpo sigue estando en el mismo lugar. En general en esos viajes la mente no tiene en cuenta al estado del cuerpo. Es más, sabemos que en los últimos tiempos de hiperconectividad esta dicotomía entre los destinos de la mente y la materialidad del cuerpo se encuentran en extremos distantes.
Estando “en casa” me apareció una oportunidad para acercar el desplazamiento real del cuerpo, las posibilidades del cuerpo y “los viajes” de la mente. Frente a la imposibilidad del cuerpo de salir, me las tengo que ver a diario con lo que tengo aquí adelante mío. Ahí aparece el movimiento del cuerpo, las posibilidades de movimiento próximo y distal, que no es en términos de desplazamiento espacial. Son esos pequeños movimientos, muy potentes, como los desplazamientos de los
huesos, el peso, el equilibrio, el hastío, las necesidades, y los sinfín de sensaciones. Como si fuera una cuestión de encontrarme en una cara a cara con la vida misma, con esa pulsión de vida de mi cuerpo, con las implicancias de estar dentro del cuerpo, y de ser cuerpo. En otras palabras, en convivencia con lo más cercano que tengo.
El Cuerpo Virtual
¿Extrañamos no sentir la temperatura, no poder orientarnos con el tacto, sentir la calidez de los otros para inspirarnos, para contenernos? Sin duda.
Es un momento particular y desconocido para fomentar y nutrir al imaginario, al glosario de imágenes anatómicas, sensoriales, metafóricas, ideológicas, entre otras que conforman nuestro estar en y con el cuerpo. Una suerte de re-configuración, ó simplemente de encuentro con el Cuerpo Virtual y el vínculo entre lo que uno siente, ve y tiene; que nos habilita a ubicarnos en cada escena.
El Cuerpo Virtual no como el digital que está hecho de pixeles y que vemos en una pantalla ó en la realidad artificial, sino al Cuerpo Virtual como la imagen ó imágenes que cada uno tiene de su cuerpo y de su mapa corporal.
El poder del imaginario es sin duda real. Tenemos la capacidad de producir efecto en el cuerpo simplemente imaginando que lo estamos moviendo. El cuerpo no solo es afectado cuando ejecutamos un movimiento corporal ó una acción física, sino también cuando se lo nombra. Si nosotros imaginamos que elevamos la mano, los músculos de la mano reaccionan al estímulo de la imagen.
Me dedico principalmente al desarrollo de la presencia del cuerpo, soy bailarina y así y todo, hace unas semanas me preguntaba cuan imprescindible es el contacto físico, teniendo en cuenta que las personas en este contexto son vistas y escuchadas.
Me dije, tal vez pensadores dedicados al estudio del lenguaje/sujeto daban por sentado la presencia del cuerpo, y no cuestionaron su ausencia física.
Pregunté rápidamente sobre el tema y me hicieron llegar los estudios de René Spitz de mediados del SXX, acerca de las observaciones de niños institucionalizados, y los efectos sobre la ausencia de contacto físico y el daño que les producía. Me impactó mucho sin duda.
Sin embargo, continué con el pensamiento. “Supongamos que yo tuve durante 38 años el mejor contacto físico posible, no será que podría prescindir de ello de acá en más y desenvolverme a través de los recursos digitales por nombrar alguno.”
En el momento que estaba teniendo ese pensamiento vertía agua de una botella a otra, en la cocina, y de repente, sin previo aviso, la mano se mueve, pierdo el control y me vuelco el agua encima.
Se produjo un corte. El propio cuerpo me hackeó y se hizo presente donde siempre estuvo, en mi escena.
Tuve que recapacitar y prometerle que nunca más lo sacaría de la escena, ni siquiera imaginándolo.
La posibilidad de desarrollar el Cuerpo Virtual y el imaginario produce un impacto en el cuerpo físico y en la posibilidad de estar más a gusto en la escena cotidiana.
Aquí y allá: ¿Un Otro Cuerpo?
Hay otra verdad en estos tiempos, a mis clases están pudiendo asistir practicantes desde Río Negro hasta Toronto. La virtualidad permite extender la geografía de los encuentros y concretamente se le está perdiendo el miedo a tener encuentros e intercambios en esta modalidad.
¿Qué impacto tendrán tantas semanas de no-encuentro carnal, en conjunto con esta cantidad de encuentros bidimensionales que tenemos por día?
El mundo se está pegando al lado nuestro, con la profundidad que propone la pantalla, sin tener en cuenta las dimensiones del espacio donde estamos sentados, las particularidades del aire que estamos respirando. Y esto al cuerpo lo afecta, porque el cuerpo sí está ubicado en ese particular lugar.
Es cierto que en los encuentros virtuales en “vivo”, sentimos el cuerpo. Sentimos las miradas, nervios, se pierde la conexión a internet, hechos fortuitos que afectan al cuerpo. Si todas las experiencias físicas necesitan de un cuerpo que las perciba, la virtualidad podría ser un medio que pone sobre una pantalla aquello que nos permite saber que somos vistos, que existimos.
Sin embargo, hay un cambio. Doy el ejemplo, de mi hijo de 4 años, un niño que tiene muchas habilidades físicas. Le armamos en el living de casa, un tobogán y una trepadora, alta. Al intentar subir apenas en el segundo escalón, expresó sentir vértigo y miedo. Hasta hace poco podía trepar y arrojarse de lugares increíbles. Puede ser que esté creciendo, que se esté encontrando con el miedo y con el límite, pero la realidad es que
hace 3 meses, lo máximo que trepa es un sillón.
No sabemos lo que va a pasar cuando volvamos a estar en espacios multitudinarios. Cuando salgamos en manada, como las vacas en la primavera islandesa, y percibamos a los cuerpos cerca, escuchemos la respiración, sintamos el olor. No sabemos qué es lo que sucederá. 
El encuentro virtual es un paliativo que funciona en tanto mantenemos vivo el recuerdo y las ganas de encontrarnos. Si consideramos que aún tenemos el recuerdo vivo de los otros cerca y es más, basta salir a la calle con barbijo y guantes para sentir la cercanía de las personas que antes no sentíamos.
Y si esta coyuntura fuese una invitación, esperanzados de que no dure para siempre, para preguntarnos qué nos convoca a encontrarnos.

¿Qué estoy haciendo?
En un contexto de práctica de movimiento, al observar y entrenar el movimiento mínimo ó el micro movimiento 1, noté con más claridad que antes, inclusive en mí, la gran ansiedad que existe por hacer, por producir, en grande, en cantidad. Al punto que si es pequeño, poco, ni siquiera se percibe ó aún peor, no se reconoce que estamos en movimiento.

1 Para él que esté leyendo puede tomarse un momento para observar que se está moviendo en su cuerpo, tal vez el pie, la cabeza, los ojos, la panza cuando respira, ó que está escuchando. Todos estos micro movimientos que hacemos ó que nos suceden son una gran producción.
¿Quién nos dijo que un movimiento es en tanto sea grande, con mucho esfuerzo? ¿Cuánto más, mejor? ¿Quién nos dijo que el lado que menos se mueve debe seguir al lado que más se mueve?
“Dale brazo izquierdo movete tanto como el brazo derecho, por qué no te movés tanto.”
¿Por qué no considerar que el derecho se mueva como el izquierdo, que tal vez se mueve poco pero en relación al resto del cuerpo?
¿Cuánto movimiento necesitamos para sentir que estamos en movimiento?
Observo que debemos ser cuidados con el silenciamiento del cuerpo, de nuestro propio cuerpo y del movimiento que ya está sucediendo.
¿Qué puedo hacer desde donde estoy?
En este contexto me sentí fuertemente interpelada. El modo que desde la cultura, las artes y en este caso las prácticas artísticas y corporales podemos hacernos presentes es en la creación y oferta de espacios de contención, que abarquen al imaginario, la vitalidad del cuerpo, las sensaciones y los vínculos.
El cuerpo no ha muerto ¡Larga vida al Cuerpo!
Creo profundamente que el cuerpo tiene la capacidad, la sabiduría y fortaleza para reciclar y sobrevivir. Aunque haya un costo y que ese costo sea alto.
Retomo el caso de mi hijo, pienso en él y digo, es la que le tocó. Y también me tocó a mí, a nosotros. Es la que nos está tocando. El mundo que nos tocó. Hace setenta años había otro y hace quinientos otro.
A su vez, la tecnología del cuerpo y las posibilidades del cuerpo de la actualidad y de hace 2000 años atrás no han cambiado tanto. La técnica del cuerpo se ha hiper desarrollado, se tecnificó, es cierto, podemos saltar más alto y lastimarnos menos. Pero en sí, la tecnología del cuerpo es la misma. Un bebé del SXXI ó del SI atraviesa un recorrido similar para poder ponerse de pie.
Los pactos sociales y amorosos se van resignificando y el cuerpo se sigue haciendo presente. Para que se extinga deberá venir un Big Bang.

Como en casa
El cuerpo que habla está en la escena y es la escena. El contexto es la casa, la propia.
Y si este contexto nos permitiera recorrer lo cómodo y de allí tomar lo necesario para poder estar en casa y cuando podamos Salir poder estar a gusto: a gusto en el propio cuerpo, como en casa.
No se puede sustituir la presencia física, no se puede sustituir el afecto, el toque físico, pero si podemos observar qué de eso nos falta, vivenciar esa falta para que pueda llegar e ir por ello; para que esos vínculos que añoramos devengan sin esfuerzo.

Y si el hecho de estar en el mismo lugar nos permitiera ver como se mueve el mundo alrededor y de hecho desfasarnos de donde estábamos hasta marzo 2020 y quedar enfrentados a nuestro vacío.
Es placentero el vacío que puede ser llenado.
Será cuestión de arrojarnos a eso, y como una “primera vez” podría ser inolvidable.
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