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2021

Maximiliano Vecchio

Licenciado y Profesor de Psicología por la U.B.A. Psicoanalista, Músico y compositor. Ex residente del HIGA Paroissien (Prov. Buenos Aires) .
Ex concurrente del Hospital B Moyano (CABA).
Especialista en Psicología clínica. Tiene su consultorio en la ciudad de Ramos Mejía, Provincia de Buenos Aires.

Celular: 1135885486
-Web: maxvecchio.wixsite.com/vecchio
-Facebook: www.facebook.com/asuntoPsicoanalitico/

Duelo y tiempos de aceleración

Hace poco tuve el siguiente diálogo con mi hija de 15años
— ¿No publicás más en Facebook?— le pregunto
— Ya fue… pasó. Ahora la posta es Instagram!!—me responde
— ¡Ah! mirá…Qué garrón, pero ahí no podes escribir.
— y… no sé… hay que ver.
Facebook no va más, Instagram es más rápido. Tiene razón David Lebón, el “tiempo es veloz”, y ahora está acelerado. Hay que ver, pero “ver” es una función fisiológica y el ojo no viene dotado con la función de la Mirada. Es una extensión que no es del cuerpo y para que ésta advenga, se requiere de la mirada del Otro. Desde la llegada  al mundo de la amplificación eléctrica, las vibraciones entre los seres humanos se han alterado. En tiempos de potenciadores anímicos y “boosters” químicos, todo “debe” ir más rápido. Hasta los matrimonios, si los hay, duran lo que un celular promete. Si mi existencia se sostiene y necesita un espacio donde yo lo puedo ver, mi existencia es absolutamente frágil. La contracara es la espera agotadora de los amantes aguardando un mensaje de Whatsapp. Cuando  desparece algo  que a uno lo sostenía, te caes y tenés la necesidad de agarrarte de un celular, a una red virtual de células.  Ni cables telefónicos para atarse quedan ya.  El Amo que domina a su celular, termina esclavizado por su móvil devenido objeto ansiógeno. Más en los momentos de angustia, que es como estar nadando el mar, de noche, con agua fría y sin poder ver la playa. Es cuando tus enemigos
comienzan a invadirte lentamente y se te llena la cabeza de voces que forman un ruido, sin silencio.
El hombre y su celular también nos muestran la inestabilidad de toda posición dominante. Donde el manipulador, el que observa o escribe, se vuelve sin solución de continuidad,  manipulado, objeto de la mirada de otro.  
Los algoritmos de Instagram, las recomendaciones de Spotify y los router WiFi siguen sin poder darle satisfacción completa al ser hablante. Lo sabemos, no obstante, la cuestión reside en qué medida esas plataformas dialogan con nuestras frustraciones. Parece ser que las frustraciones son cada vez más grandes. La aceleración del tiempo percibido  genera pretensiones y expectativas demasiado altas, que no contemplan la realización de un trabajo adecuado para acceder a lo buscado. Y sin trabajo no hay elaboración, tampoco hay amor.  Por momento, las personas tiene la sensación de que las cosas se pueden aprender de manera instantánea.  La imagen cinematográfica  de Neo en “Matrix” cuando le instalan, en cuestión de segundos,  una serie de habilidades que luego puede ejecutar en segundos, hoy es demanda.
El problema es que el saber se “aprehende”, a diferencia del  conocimiento que se “aprende”. La aceleración tecnológica hace confundir el aprehender como saber que hace hablar, con el aprendizaje de conocimientos  que se hablan. ¿No es que se aprehende con el cuerpo, con las pérdidas?
Es frecuente que el neurótico estabilizado de hoy quiera un "coach" que le diga cómo puede optimizar su vida, sin pérdida.
La incertidumbre se hace cada vez más difícil de tolerar. Las caídas conspiran y el incremento de suicidios a nivel mundial dialoga con ellas.
—¿En cuánto tiempo voy a saber cómo funciona mi mente? —me preguntan.
—El tiempo que tardaría en aprehender a tocar una Fender Stratocaster. diez años al menos, estimo.
Claro que con unos meses algo podes aprender a tocar y curar cosas, y está buenísimo, sí. Pero para tener la convicción de tu instrumento hay que dedicarle tiempo, que no es el de las redes sociales. En ese sentido, hay que subrayar que las redes sociales globales fueron creadas por la dificultad de las personas en generar redes sociales. Es el caso de Mark Zuckerberg, quien denuncia con la creación de  Facebook un desmembramiento en el tejido social que dificulta el  poder conectarse con el semejante  en el llano. La ruptura del tejido social también afecta al sujeto humano, ya que si este no es social, no es sujeto.
¿Cuál es el problema de la aceleración?
La especie sólo quiere reproducirse, y el capital también, no quiere perder tiempo. El  lema actual de  “no pierdas tiempo”  favorece  el nerviosismo social y aumenta la estimulación maniaca infructuosa. Hasta la naturaleza es demasiado lenta para la tecnología actual. ¿Acaso el calentamiento global no se debe a que la atmósfera está acelerada?  Las partículas se mueven más rápido y la naturaleza pierde ritmo
En la modernidad actual se trata de aceleración, de potenciar
el mundo y tu  vida. Su modo de estabilidad es el dinamismo. Necesita crecimiento (económico, tecnológico, cultural) para mantenerse. El principio de placer/realidad, aislado teóricamente por el psicoanálisis, está trabajando más que nunca en los sujetos, en tanto va a tratar de que dure lo que está amenazado con terminar. Y es necesario que algo tenga que terminar para que pueda querer mantenerse.  Esa podría ser  la vida del neurótico, quien restituye el  equilibrio una vez más, cada vez que se pueda o que haya riesgo de volver a perderlo.
Se está en amenaza de castración, que no es la castración. Intentas hacer más cosas por unidad de tiempo, amenazado para no caer, para no perder tu estatus, escalando una pendiente resbaladiza, en la que si no corres, te caes. Hay necesidad de mantenerse donde estas. ¿Que se nos está prometiendo para seguir pedaleando sin darnos cuenta?
Si uno está ocupado por la amenaza de castración, no te toca nada, no te dejás tocar por ninguna resonancia, no conectás con el otro. La castración involucra tanto la posibilidad como la imposibilidad, de que algo pueda realizarse.
El sujeto tiene momentos donde está en la intemperie, tiene miedo de perder su lugar, su trabajo, su pareja, etc. Por otro lado, todo parece estar disponible, accesible y alcanzable. Nuestro Smartphone nos impulsa a acceder a todos los conocimientos del mundo a un solo click de distancia. Ahora bien, el reverso de la aceleración es la depresión, la idea de que el mundo puede perderse. La gran caída. El psicoanálisis
es un buen lugar para dar lugar a que ese resto tenga dónde alojarse, y la posibilidad de ser dicho.
La posibilidad de caerte de tu "inestable estabilidad" es una de los problemas más acuciantes de la actualidad social, y por lo tanto de clínica psicoanalítica, ya que los músculos de las estructuras lacanianas son personas.
El acelere y la caída se emparentan con la enfermedad mental más antigua de la humanidad, la melancolía. La libido, el más viejo tóxico que existe, te intoxica por un duelo no terminado. Cuando esa intoxicación ya no tiene la forma de hacer el duelo, aparece la depresión o la melancolía, que es el fracaso del duelo. Hace 500 años, Copérnico dijo que la tierra se movía, y el mundo entró en pánico, ¿es que todo se va al demonio? 500 años después, la tierra no sólo se mueve sola, sino que también la están acelerando, pánico a la caída otra vez, pánico al fin de las cosas.
Podemos tomar en serio las series televisivas más importantes y populares de los últimos años. Muchas de ellas se han ocupado del tema de la pérdida. La mayoría de ellas, la series, incluyen sabiendo o no, la distinción freudiana entre duelo y melancolía. El duelo supone soltar lo que se perdió, la melancolía aferrarse a lo perdido. Desde "Black Mirror", y "Walking dead", hasta "Leftlovers", "Lost", "Stranger things" y "Dark". El psicoanálisis postula que el duelo no es una enfermedad, sí su imposibilidad de realizarlo.
Un patrón argumental común de estas series es que el duelo no puede comenzar adecuadamente. Hay eventos catastróficos
que súbitamente generan una pérdida. Desaparecidos, zombis, enfermedades, suicidios que no pueden ser explicados, hay una interrupción traumática que desorienta, sin sentido y que produce pánico. No hay cuerpos para velar y la furia y la depresión afloran rápido. Sobrevuela una especie de tristeza que emerge cuando está clausurada la posibilidad de salir a un afuera. Cuando no está la posibilidad de habitar Otro lugar y la amenaza de perder impide introducir la castración como diferencia La diferencia puede decir que algo pueda ser otro.
La aceleración tecnológica y comunicacional, por defecto, tratan de acelerar los duelos. Pero el ser hablante no se agota en ese tipo de demandas. El asunto del duelo no es tanto por el que se fue, sino por el lugar que ocupábamos para el que no está más en vos. Si el duelo es lo que fuiste para el otro. ¿Qué sos vos para una máquina que, si bien te conoce y sabe tus temas preferidos, no te habla? ¿Qué falta le hacés?
Es un hecho de que hay tecnologías que asisten a la renegacion de la muerte y sacan lustre al blasón de la eternidad. Se apoyan en una característica esencial del ser humano; se miente a sí mismo y encima no sabe si se está mintiendo o no. Se está tratando de evitar la muerte sin contemplar la siguiente ley humana: cuando querés evitar un efecto, es seguro que lo produzcas. Siendo la manera más segura de producir un efecto, el tratar de evitarlo.
Son épocas de terapias virtuales "virtually better", la terapia con realidad virtual. Es decir, un Programa que expone a un paciente provisto con tecnología virtual, a sus miedos introduciéndolo en
un escenario generado por computadora. Para la cartera de la dama y el bolsillo del caballero También llegaron, hace poco, resucitaciones mediante realidad virtual. Michio Kaku, prestigioso físico norteamericano dijo varias veces que lo que pasa en una película de ciencia ficción advendrá cotidiano recién en 100 años. Ya que su cálculo es difícil de probar, creo que se quedó largo; está pasando.
¿Qué son las plataformas virtuales? ¿Se podrá vivir de algoritmos que no te permiten, por ahora, ir más allá de vos, y que te sorprenden falsamente, y que sólo quiere que lo sigas solo?
¿Y el psicoanálisis?
Sabemos que Freud ha sido metabolizado por la cultura del entretenimiento y la publicidad de manera formidable. Simultáneamente el psicoanálisis abre paso a la autoayuda psicoterapéutica bien difundida. Como decía Freud,  el yo no es amo en su casa,  pero ahora está jodidamente  en todas partes. Es accesible, disponible y alcanzable. El mercado lo acelera y cierra las compuertas de la otra escena.
¿Cómo salir de esa originación moderna que te injertará, te implantará  una idea en tu  mente  de forma que  la percibas como naturalmente propia? ¿Acaso no se está  postulando  al Yo  como responsable de paliar las miserias humanas?
El psicoanálisis dialoga con el duelo como acto. Donde tenés que entregar una parte tuya, una parte de vos para salir a lo Otro. Restarte para sumar y poder tolerar mejor el hecho de dejar de ser pensado por el otro.
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