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2021

Jacinta Duer

Coordinadora docente de cursos de grado y pos grado. 
Coordinadora responsable del módulo “ficciones Jurídicas” Depto.  De estudios sobre la familia, Enlaces (ICdeBA) EOL.
Miembro del módulo “cultura y Sexuación”. Depto. De estudios sobre la familia Enlaces, (ICdeBA) EOL. 
Atención Clínica psicoanalítica de la 1* infancia, adultos, Pareja y Familia. 
Jacintaduer@gmail.com

Técnicas de Reproducción Humana Asistida: Ley, nuevos derechos y nuevas configuraciones familiares: Qué resta del deseo? Qué ley para los niños?

En la actualidad, el "deseo a toda costa" facilitado por la proliferación de "derechos para todos" nos lleva a pensar en un “más allá” del deseo de un hijo, al punto de que todos los límites impuestos por la realidad podrían ser superados. Entonces: ¿Seguimos estando en el orden del deseo tal como lo pensamos los psicoanalistas, aquel que nos empuja, motoriza y determina desde lo más profundo de nuestro ser?
Con la tecnociencia que avanza en el campo de la reproducción humana asistida y las nuevas leyes que intentan ordenar el caos legal que se va generando en este campo, parecería ser que muchas veces, más que un derecho para dar curso al deseo se trataría más bien de la reivindicación de un goce imperativo, como si el objetivo final fuera obtener lo que se quiere a toda costa.
Primero, es el nombre de un nuevo libro del colega Francois Ansermet: “La fabricación de los hijos, un vértigo tecnológico” (UNSAM Edita, 2018) y luego, una nota en la tapa del diario La Nación (Edición del 07/9/2019) que anuncia: “COPATERNIDAD. Sin conocerse, buscan formar una familia”. Dos títulos fuertes, que impactan y me llevan a pensar la parentalidad como un síntoma social que devela el punto que tienen de imposible los lazos actuales y ponen en evidencia las mutaciones de la
familia a partir de las nuevas y múltiples maneras de ser padre y madre hoy en día.
Algunos son amigos que decidieron tener un hijo juntos sin encarar una relación de pareja; otros, biotecnología mediante, apuestan a un nuevo modo en el que dos extraños se contactan por medio de páginas web y se juntan sólo para cumplir el sueño de ser padres y madres. Otros recurren a la “gestación solidaria” donde algún miembro de la familia o cercano presta su vientre. Dicen: “Ante la imposibilidad de enamorarme me planteé esta alternativa”. Entre los beneficios de esta forma de ser padres destacan que, “al no haber un vínculo romántico, ese hijo no está “contaminado” con todas las cosas que rodean a una pareja: y es casi el fruto de una decisión altruista. Dicen también que tampoco necesitan que el otro sea el hombre con el que se sueña ni ser la mujer que el otro desea, “solo nos exigimos ser los mejores papás del mundo”.
Nada más ni nada menos: “los mejores”. Pura (y gran) exigencia superyoica.
Freud nos advirtió que con el hijo renace el narcicismo de los padres, es decir: nada más lejos del altruismo! También sabemos, con Lacán del fracaso de las utopías comunitarias. El vínculo en estos casos pasa a ser casi puramente biológico, son acuerdos entre pares, que surgen más por lo operativo que por el lazo que genera el hijo. Compartir la crianza y los gastos lo convertirían en un objeto más de consumo, precisamente como lo define Zygmut Bauman: un “objeto de consumo emocional”. En la era del capitalismo, en tanto que se forcluyen  las cosas del amor, se hará del niño un Gadget sofisticado? 
Como venía diciendo, hoy es posible tener hijos por distintas vías, pero: es lo mismo?  Qué ley vela por los niños?
En la época “El malestar en la cultura” (1930) S. Freud hacía de la familia una necesidad de la civilización, basada en el poder del amor: pues el varón no quería estar privado de la mujer como objeto sexual y ella no quería separarse del hijo, carne de su carne.
La estructura familiar “tradicional” y Freudiana se sostenía en el modelo del triángulo edípico y el amor romántico. Era la familia “pequeño burguesa”.
Pero según van variando los modos y el lugar del amor a lo largo de la historia y hasta nuestros días y los que vendrán también se irán modificando las formas de hacer familia.
¿Qué posición entonces, para el psicoanálisis frente al “familiarismo delirante” de la época? Pregunta que se sostiene a partir de considerar que es el niño quien funda “la familia”, tal como lo explica E.  Laurent.
Cabría aclarar que el término familiarismo delirante lo utiliza J. Lacán para definir la multiplicidad de modelos familiares por fuera de la ideología edípica, precisamente para interrogar la función de la familia en eso que tiene de variable.

Quiero vs. Deseo: Derechos para todos.

Querer es algo distinto de desear. El querer es caprichoso, el deseo es ambivalente. Lo que se obtiene no es necesariamente lo que se desea. Querer un hijo es también querer otra cosa. Hay un más allá del hijo.
“Si un deseo deviene en un derecho, si entra en la ley pierde su valor de deseo. El deseo es una espera, una falta a llenar, una insatisfacción a resolver, tiene una causa singular. Si esa falta es llenada por el Otro del derecho, el deseo corre peligro de desaparecer en su esencia única, ya que allí “todos somos iguales ante la ley”.
Vale aquí recordar lo que afirma E. Laurent: “El hombre y la mujer no se hablan con la lengua del derecho sino con la del síntoma” entonces, cuando en las familias la que se habla es la del derecho, la que busca la distribución igualitaria del goce, asistimos a nuevas problemáticas.  Goce que se reivindica como un derecho, que supera al sujeto, es excesivo o insuficiente pero nunca está en su lugar”. 
En los casos de donación se “desparentalizan” los gametos para que tengan nueva identidad y se “anonimiza” la carga genética. Pero puede “anonimizarse” el deseo?
La función de la familia, como quiera que se conforme es la de sostener y a la vez mantener lo irreductible de una transmisión fundamental en la evolución social, que va mucho más allá de la satisfacción de las necesidades vitales.  La constitución subjetiva del niño requiere de un deseo que no sea anónimo, aquel que lo inscriba en una cadena de filiación. Y de eso no hay escapatoria para ningún ser humano, ya que por el sólo hecho de ser parlantes estamos “contaminados” con las palabras y huellas del otro que nos cobijó. Parientes cercanos que enseñen lalengua (así todo junto), marcas y resonancias del goce de quien la enseña, con la ley de su deseo, con nombre y apellido.
Hablemos de otra cosa…
Finalmente, volvamos a nuestro deseo: el del analista. 
Para los que llegan a la consulta, por sus síntomas y con sus fantasmas a cuestas, el encuentro con un analista será la oportunidad de hablar de otra cosa, ya que el psicoanálisis los hará entrar en otro discurso, que nada tiene que ver con el derecho ni con la biología, muy distinto al discurso de la época.  intentaremos un efecto de separación de los significantes amos, en un recorrido singular, en la senda de la ley del propio deseo. No es sino Identificando esas marcas de goce, las resonancias en el cuerpo que nos han dejado quienes nos precedieron.
Y es imposible transitar este camino sin amor, un nuevo amor: el de la transferencia.

Jacinta Duer. febrero de 2020.

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