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2021

Gabriela Peralta

Psicoanalista siempre en formación.
Docente.
Mamá de Juani.
Lectora empedernida.
Con algunos títulos, y más derrotas.
Email: licgabrielaperalta@yahoo.com.ar
Facebook: Gabriela Peralta Instagram: gabuperaltaok
Qué alegría es para mí una invitación a escribir. Sobre todo cuando llega de un lugar al que uno frecuenta, admira y lee. Así lo recibí de Cita en las Diagonales.
Algo en el título de la convocatoria  llevó a preguntarme: ¿cuándo dejamos de ser  jóvenes los analistas? ¿Cuál es nuestro esfuerzo?
Esta cuestión en relación a la juventud, que podría tener un número como respuesta para la estadística, me permite pensar en uno de mis temas favoritos: el tiempo.
Freud lo subvirtió para siempre con su après coup. Lacan lo volvió lógico y nuestra época lo aceleró hasta convertirlo en la prisa del quehacer cotidiano.
Escribir, por ejemplo como estoy haciendo, requiere de una temporalidad amiga  de la demora.  Necesitamos una pausa para llevar adelante nuestra tarea, pero también como dice Miller en Todo el mundo es loco, para no caer en la sugestión. Leer, escribir, es un triunfo por sobre el vértigo. Y el análisis también.
Les cuento que en el momento que garabateaba estas primeras ideas, mi hijo de diez años me distrae de la escritura con un: “ma, me prometiste ir al cine”. Compartimos el amor por las películas y esperábamos el estreno de la última de Pixar: Onward, “Unidos”.
No voy a contarles la trama, se las recomiendo fervientemente. La tomo porque me permitió reflexionar sobre el camino del héroe. El guion de esta película responde de maravillas, a mi parecer, con la idea de Joseph Campbell, mitólogo y
antropólogo norteamericano, que define el modelo de muchos relatos épicos. Toma de James Joyce el término de monomito, conocido también como viaje o periplo.
En enlace a nuestra práctica, rescato dos cuestiones: el inicio del camino desde las cosas cotidianas, las simples cosas como diría el poeta; y la transformación a través del recorrido que hace cada uno de nosotros y del que, si queremos y podemos, daremos cuenta.
Comparto con ustedes un gusto que me acompaña  desde que era muy joven: correr. Hay distintos formatos como en la lectura, pero la que más disfruto es la que suele llamarse “tirada larga”. Implica correr más tiempo y más kilómetros que el resto de la semana, pero con la condición de ir más lento.
Me gusta pensar que con los libros, con las películas y con  el arte, necesario para nuestra formación, y que requiere muchas veces, el esfuerzo de arrancar tiempo a la prisa, se puede hacer lo mismo. El psicoanálisis demanda una lectura rigurosa, la investigación y a veces la urgencia nos hace recurrir a fragmentos de textos, viñetas clínicas, hasta solo párrafos.
Pero hay otras maneras. Las del paso lento de la tirada larga, donde nos dejamos llevar por los artistas, por las amorosas recomendaciones de aquellos con los que hacemos lazo. Esas historias, esas imágenes, que dejaran el tiempo en suspenso. Como Lacan nos señaló, serán los artistas quienes nos desbrocen el camino, siempre un paso más allá.
Para esto se vuelve indispensable no apurarnos. Los que corremos largas distancias, hablamos de un momento que se
llama “cambio de aire”. Consiste, en forma totalmente subjetiva, de ese instante en que una brisa fresca ingresa a nuestros pulmones y a nuestro ánimo, por qué no, y la carrera se vuelve más liviana, más disfrutable. No puede acelerarse la llegada de ese momento, habrá que saberlo esperar. Como la revelación que le llega a nuestro héroe en su periplo, y que será hija de la comprensión para poder concluir. Sin arrebatos, sin precipitación. Con la espera como compañera de ruta. Una espera y un hacer, y del amor por lo que se hace.
Como yo lo veo, todas las historias son historias de amor. Habrá héroes y villanos, y quizás intercambien sus ropajes. Será necesario estar atentos, pero nuestra brújula bien puede ser el amor, el deseo, y la espera, aunque a veces traigan su cara más trágica, su rostro más angustiante.
Retomando mi pregunta inicial, quizás una respuesta, no todas, es que uno deja de ser joven cuando deja de creer en un amor posible.
¡A no aflojar, jóvenes analistas! Un esfuerzo más en este loquero, que todavía quedan senderos por recorrer, historias por contar, amores por vivir. Parafraseando al poeta Mario Benedetti: sobre todo nos queda hacer futuro, a pesar de los ruines del pasado y los sabios granujas del presente.
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