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2021

Gabriela Mariana López

Licenciada en Psicología
Facultad de Psicología, UBA
Practicante del  psicoanálisis
Responsable local de la Delegación San Miguel, perteneciente al IOM2.
Género y sexuación: ¿Qué es el sexo para el psicoanálisis?
En el siglo XXI vemos desplegarse un nuevo movimiento de reivindicación que está movilizado por el significante: género. Este término no es nuevo pero el uso que se hace del mismo y los estudios que lo promueven si lo son.
La cuestión del género, surge en los años 50-60 por un lado como problema clínico con los estudios de R. Stoller sobre el transexualismo y por el otro con el feminismo de la “segunda ola” que empuja a la elaboración del género como una categoría de análisis y crítica política y cultural”.
La distinción entre sexo y género fue entonces la primera operación necesaria.
Para el psicoanálisis también es fundamental mantener esta distinción.
El término género evita el equívoco siempre presente en el de sexo que, femenino o masculino, tiene siempre un valor erótico en la lengua.
En términos generales, el significante género alude a “una red de creencias, valores, actitudes y actividades que permitirían diferenciar al hombre de la mujer a través de un proceso de construcción social y cultural”1. La asignación socio-cultural de roles propios a cada identidad sexual es interrogada y criticada por las teorías de género en la medida en que recubren y avalan relaciones desiguales de poder. Aun cuando en la actualidad la teoría de género ya no está del todo centrada en una reivindicación por la igualdad, más bien se inclina cada vez más a considerar el concepto de diferencia, entendida en términos
de heterogeneidad, haciendo de ella un nuevo ideal. Entender la diferencia de este modo llevó a un cambio en la perspectiva de las relaciones de género, pero este discurso sigue reforzando la cuestión de las identificaciones imaginarias y simbólicas. De este modo, toda identidad sexuada permanecería siendo una construcción efecto tanto de ciertos discursos como de ciertas prácticas.
Las teorías queer, como deriva de los estudios de género, promueven nuevas identidades sexuales por fuera de ambos géneros, dando lugar a nuevas formas de nominaciones, que se hacen en nombre y a partir de un modo de goce sexual particular. El término transgénero aparece a partir de la concepción queer para poner en cuestión la diferencia binaria de las identidades sexuales.
Las teorías queer se esfuerzan por pensar a la sexualidad por fuera de las categorías de género, y es justamente en este aspecto, que puede haber un lugar de coincidencia con el psicoanálisis lacaniano, en tanto, Lacan no teoriza a la sexualidad en términos de género, sino en términos de goce. Es la enseñanza misma de Lacan la que permite verificar que no hay nada más queer que el goce.
Tal como lo dice Miquel Bassols, “Lo queer” es lo torcido, aquello que no puede definirse por un binarismo, aquello que escapa a la lógica binaria de la diferencia mínima entre dos significantes.
La sexualidad y el goce introducen en el ser hablante una alteridad que no pueden representarse de ninguna forma con la diferencia significante”.2
Desde Freud el sexo es un significante que nombra una división. Esta división encuentra diversas modalidades de articulación, que ponen en juego los tres registros, real, imaginario y simbólico, de diferentes formas.
Decir género significa que existe una identidad. Pero lo que vemos en la clínica, en la clínica del psicoanálisis es la presencia de una no-identidad, que es real, y que adopta formas sintomáticas, como algo imposible de suturar.
Entonces debemos decir que no hay una identidad sexual definible en relación al goce, que el sexo es precisamente la falta de identidad del sujeto consigo mismo. En este sentido, heterosexual, homosexual, lesbiana, travesti, transexual, transgénero, etc, son siempre respuestas a la imposibilidad de la relación-proporción-sexual. Constituyen la respuesta sintomática a lo imposible de la relación sexual. Todo intento de estratificar, jerarquizar, darle prioridad a una práctica sobre las otras es siempre una operación que se inscribe en el discurso del Amo.
A partir del Seminario XX de Lacan, se abren nuevas vías para pensar la diferencia sexual a partir del goce. Por ello es necesario articular una nueva lógica y otorgar un nuevo estatuto al cuerpo. Por un lado, la lógica del todo y no todo que gobierna las estructuras de la sexuación. Lógica que dice que, si bien hay la función fálica para los dos sexos, no todo es fálico. Por otro lado, que en el ser hablante y sexuado hay goce, en tanto hay un cuerpo vivo. El cuerpo lo define como lo que goza, y este goce es fundamentalmente autoerótico. Este goce del cuerpo, Lacan
lo ha llamado goce UNO, en tanto es un goce que prescinde del Otro.
Este goce no tiene relación directa con los signos del género. Los signos del género, los caracteres secundarios, simbolizan al Otro. Por ello el goce del cuerpo no depende de estos rasgos secundarios.
Por ello es en las estructuras de la sexuación pensadas por Lacan, en donde “los lugares comunes de las relaciones entre los sexos se descomponen, se invierten, se mezclan”.3
Su clínica, la del psicoanálisis de la orientación lacaniana, está hecha para situar la diferencia radical de los goces, que hace la relación sexual imposible, sea cual sea la identificación con la que el sujeto se presente: hembra, macho, transexual, travesti, lesbiana, gay, drag, etc.
Es a partir de la última enseñanza de Lacan centrada en el goce, que cada ser hablante, cualquiera sea su sexo biológico, tendrá que inventar su solución al principio fundamental que propuso Lacan: “no hay relación sexual” y “el goce es del UNO”.
La solución será uno por uno, que resultará del modo singular en que cada ser, inevitablemente sexuado, vive la relación con el sexo.

Notas
1- Soledad Escalante, “Teoría de género ¿Igualdad o diferencia?”, en las Clases medias. Ed.nSur. Casa de estudios del Socialismo, Lima, 1998, pag. 476.
2- Entrevista a Miquel Bassols por José Manuel Ramírez. Aperiódico Psicoanalítico. Año 18. Número 31.
3- J. A. Miller, Una distribución sexual. Uno x Uno n° 47.

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