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2021

Gabriela Cuomo

Lic. en Psicología (UBA)
Profesora Nacional de Psicología en Enseñanza Media y Superior (UBA)
Miembro de EOL y AMP
Docente de las Cátedras “Psicoanálisis Freud I” y “Construcción de los Conceptos Psicoanalíticos”  (Prof. Dr. Osvaldo Delgado) (Fac. Psicología, UBA)
Docente en la Diplomatura en Inclusión Escolar con orientación en TES (UNTREF)
Miembro del equipo Entrevenir (Psicoanálisis-Educación)
Enseñante en la Escuela Psicoanalítica del Colegio de Psicólogos Distrito XV (Bs. As.)
Coordinadora de la Comisión de Supervisores del Colegio de Psicólogos Distrito XV (Bs. As.)
Ex residente e instructora de residentes de Salud Mental en el HZGA “Manuel Belgrano” (San Martín, Bs. As.)

gscuomo@yahoo.com.ar
Cel: 15 4064 5756

El psicoanálisis y su peste: un sesgo práctico para sentirse mejor

“(...) no es el hombre nuevo, no es el nuevo nacimiento,
no es la tierra prometida (...) Hay simplemente un andar bastante mejor.
Cuando éste se instala,, cuando dura, cuando les cuesta menos (...) ya es suficiente”. 1
J.-A. Miller

Instante de ver: pandemia
Mucho se ha escrito ya sobre el tiempo que atravesamos.  El surgimiento y la expansión del COVID-19 ha producido un estallido de la escena del mundo y de los puntos de referencia en los que anclaba nuestra realidad compartida, nuestra relación al cuerpo y al otro en el lazo social.  Las 3 fuentes de sufrimiento y malestar que Freud situara en 1930 2, cobran una renovada vigencia: la Naturaleza no se deja domeñar fácilmente, nuestro cuerpo muestra su inherente fragilidad y desvalimiento;  y la relación con los otros (portadores potenciales del peligro) se modula en frecuencias que van desde  la solidaridad a la segregación en escalas variables.  Como bien sitúa F. Ansermet 3, el fenómeno es uno, pero para

1    Miller, J.-A., “Mutaciones de goce”, en: Sutilezas analíticas, Paidós, Bs. As., 2012, p. 180.
2    Freud, S., “El malestar en la cultura”, en: Obras Completas, t. XXI, Amorrortu editores, Bs. As., 2007, p. 76.
3    Ansermet, F. (2020), “A cada uno su pandemia”, Lacan Quotidien N° 876. Disponible en: www.eol.org.ar/biblioteca/lacancotidiano/LC-cero-876.pdf?fbclid=IwAR3ktNmiLKRapFVBxY8S5EnTRD5r_PPZYOhLB_GNmvXKf6w9woVHVmSLgb0
cada quien cobrará una dimensión singular, a la par de sus recursos para defenderse de lo imposible de soportar 4
Entonces, podemos afirmar que hay tantas pandemias como versiones de ella encontramos en el relato de cada sujeto y en los modos de decir sobre cómo ha sido afectado.
La emergencia sanitaria y social que la pandemia suscita es abordada en cada punto geográfico a partir de diversas medidas de restricción en el desplazamiento y el contacto de los cuerpos, con el objetivo de disminuir la propagación del virus y el colapso que podría producir en los sistemas de salud.  Los términos “cuarentena”, “confinamiento”, “aislamiento”, “distanciamiento social”; se presentan como significantes que organizan nuestros modos actuales de estar en el mundo y de vincularnos.  Nuestra práctica, la del psicoanálisis, también ha sido alcanzada por ellos. Y entonces, también una discontinuidad se instaló en ella.  Los objetos tecnológicos (celulares, pantallas varias) que vienen estando presentes, en mayor o menor medida, en nuestra cotidianeidad; se han vuelto en estas coordenadas que transitamos, el único medio del que disponemos (al menos en ciertos sectores de nuestro país) para seguir sosteniendo nuestra praxis.    Dando lugar así a diversos planteos, aserciones y debates respecto a lo posible e imposible del psicoanálisis  hoy.  Volveré sobre este punto luego de un pequeño desvío en el que me bifurco al escribir.  

4    Lacan, J., Apertura de la Sección Clínica, 5 de enero de 1977.  Disponible en: www.ecole-lacanienne.net/wp-content/uploads/2016/04/ouverture_de_la_section_clinique.pdf
Hace un tiempo me encontré con algunas ideas de  Michel de Certeau 5 : este historiador, antropólogo, muy cercano a Lacan, partícipe de su Escuela; trabajó sobre ciertas prácticas cotidianas como el hablar y acuñó la idea de lugares de habla para referirse a esos espacios en la ciudad donde se conversa por fuera de las disciplinas y de cierto orden establecido.  Certeau ubica en esos lugares de habla un hacer que puede devenir, mediante cierto arte y creatividad dispersa, una acción política y transformadora.  En algo nuestra oferta se aproxima a las ideas de Certeau, sostenemos un lugar y un tiempo en el que invitamos a hablar. Como afirma Miller 6, cada encuentro con un analista, en su contingencia, empuja a que lo que se vive merece ser dicho. 7  Y el analista está allí para acusar recibo 8 de lo que se dice.  Así define Lacan 9 la clínica psicoanalítica: es lo que se dice en un psicoanálisis. Claro que lo que se dice, las vueltas dichas, giran alrededor de lo imposible de decir respecto a lo que anima nuestro cuerpo, el goce.  Nos servimos de la palabra como carnada 10, tratando de pescar y cernir lo

5 Certeau, M.,  La invención de lo cotidiano.  Disponible en: https://circulosemiotico.files.wordpress.com/2012/10/de-certeau-michel-la-invencion-de-lo-cotidiano-1-artes-de-hacer.pdf 6    Miller, J.-A., “Acción lacaniana”, en: Un esfuerzo de poesía, Paidós, Buenos Aires, 2016.
7    Ibíd.
8    Ibíd.
9    Lacan, J., Apertura de la Sección Clínica, op. cit.
10    Lispector, C., “La explicación que no explica”, en Teorías del cuento III.  Poéticas de la brevedad, Universidad Nacional Autónoma de México / Dirección de Literatura [UNAM] (Textos de Difusión Cultural. Serie El Estudio), México, D. F., 1996.
que no es palabra, la entrelínea 11 como dice Lispector.

Volver hoy sobre los usos posibles e imposibles del psicoanálisis 12 debiera permitirnos dar las razones 13por las que consideramos que nuestra práctica se inscribe en la civilización como una epidemia discursiva, “instaura un nuevo régimen de la palabra, un nuevo régimen de relación con el cuerpo, una nueva relación con el goce”. 14 Y puede entonces ser un refugio frente al malestar y el sufrimiento que acecha desde las fuentes que Freud definió. 15  Entre todos los métodos y técnicas 16de los que los seres humanos nos valemos para alejar el padecimiento, encontrarse y hablar con un analista bien puede ser uno. Advertidos como estamos, por Freud, de que “(...) no existe consejo válido para todos; cada quien tiene que ensayar por sí mismo la manera en que puede alcanzar la bienaventuranza”; nos ofrecemos a ser usados para que ese ensayo de cada quien se instale o prosiga sin sacrificar la vida. 17

11    Ibíd.
12    Laurent, E., “Usos actuales posibles e imposibles del psicoanálisis”, en: Psicoanálisis y Salud Mental, Tres Haches, Buenos Aires, 2000.
13    Lacan, J., Apertura de la Sección Clínica, op. cit.
14    Miller, J.-A., “El psicoanálisis es una epidemia”, en: Un esfuerzo de poesía, Paidós, Buenos Aires, 2016, p. 21.
15    Freud, S., “El malestar en la cultura”, op. cit.
16    Ibíd.
17    Ibíd, p. 79.

Hacia un tiempo de comprender: ¿para qué sirve el psicoanálisis?
¿Qué se espera de una cura analítica? ¿Qué se espera de un psicoanalista? Siempre me parece actual el Freud de 1893: “Repetidas veces  he tenido que escuchar de mis enfermos, tras prometerles yo curación o alivio (...) esta objeción: -Usted mismo lo dice, es probable que mi sufrimiento se entrame con las condiciones y peripecias de mi vida (...) ¿de qué modo pretende socorrerme?  A ello he podido responder: -(...) usted se convencerá de que es grande la ganancia si conseguimos mudar su miseria histérica en infortunio ordinario”. 18 Miseria e infortunio confluyen, en sus acepciones en la lengua, en la idea de desgracia, por lo cual queda claro que la cura no promete cero desgracia como resultado.  Entonces el énfasis habrá que ponerlo en la transformación posible de lo desgraciado  en un acontecimiento fortuito, azaroso; al que podremos responder, dice Freud 19, de otra manera.  Entre la desgracia como destino ineluctable o como contingencia, se juega un tramo de la partida a la que somos convocados como analistas.  Bien sabemos de qué estofa está hecho eso que en la neurosis se presenta como destino trágico, miserable.  Lo llamamos, con Freud y Lacan, masoquismo.  Cuestión que nos introduce en ese penar de más que, como afirma Lacan en Los cuatro

18   Freud, S., “Estudios sobre la histeria”, en: Obras Completas, t. II, Amorrortu editores, Bs. As., 2007, p. 309,
19    Ibíd.
conceptos fundamentales del Psicoanálisis 20, es lo único que justifica nuestra intervención.  Y es el punto en que nuestra operación se separa de cualquier forma de psicoterapia de lo psíquico. 21  Se trata de verificar cada vez, si nuestra acción, que se sirve de la palabra, puede producir efectos en el campo de la satisfacción de aquel que viene a hablarnos; si puede afectar el cuerpo como territorio de la vida y el goce.
¿Qué tenemos para ofrecer a la demanda de felicidad 22que se nos dirige?  El deseo del analista, 23 ese operador fundamental que sostiene nuestra praxis.  Que enmarca lo que decimos y hacemos en una política, la del síntoma como el arreglo de cada uno para responder a ese agujero central que llamamos no hay relación sexual.  Si nada en nuestra naturaleza nos allana el camino a la satisfacción (sus vías, su objeto); queda claro como dice Freud que se necesitan construcciones auxiliares 24 para soportar la vida.  El síntoma adquiere esa dimensión.  La experiencia analítica posibilita aislar ciertos hilos 25 y desembrollar la madeja con la que cada uno ha tejido su destino, para entonces poder usarlos mejor, a esos hilos y al síntoma que pende de ellos.
20    Lacan, J., El Seminario, Libro 11, Los cuatro conceptos fundamentales del Psicoanálisis, Paidós, Buenos Aires, 2003, pp. 173-174.
21    Lacan, J., Apertura de la Sección Clínica, op. cit.
22    Lacan, J.,  “La demanda de felicidad y la promesa analítica”, en: El Seminario, Libro 7, La ética del Psicoanálisis, Paidós, Buenos Aires, 1995.
23    Lacan, J., “En ti más que tú”, en: El Seminario, Libro 11, Los cuatro conceptos fundamentales del Psicoanálisis, Paidós, Buenos Aires, 2003.
24    Freud, S., “El malestar en la cultura”, op. cit., p. 75.
25    Entrevista al Dr. Sigmund Freud “El valor de la vida”, 1926. Por George Sylvester Viereck.  Disponible en: http://revistainterrogant.org/sigmund-freud-valor-la-vida/
El deseo del analista hace lo suyo al compás de la interpretación y de la presencia del analista. 26  Y es cierto que si algo hace tambalear de nuestras categorías esta pandemia y la atención virtual que se impuso a partir de ella; es lo que ubicamos allí con el sintagma presencia del analista.  ¿Puede hablarse de ella sólo con la inclusión de la voz en los dispositivos tecnológicos?  Si es en los modos en que el analista paga con su persona 27en la transferencia, donde hemos de localizar una dimensión de lo inconsciente que permanece en fuga respecto al sentido, ¿qué diferencia introduce que ese pago quede acotado al soporte de una pantalla? ¿Cómo entendemos allí esa función cuerpo del analista?  Hasta ahora sólo puedo acercar preguntas al asunto. Y una referencia de otros tiempos de mi formación.  Quienes iniciamos nuestra práctica en el hospital, asistimos con frecuencia al debate entre lo posible del oro puro del psicoanálisis allí o su degradación al cobre de la sugestión.  Ese debate se zanja cotidianamente a partir de los practicantes que sostienen en el ámbito público su quehacer, formalizándolo y no renunciando al horizonte que marca el discurso analítico.  Quizás mucho de eso se debe a formular y sostener las buenas preguntas, como me recuerda Ricardo Mauro 28, colega y parte importante de mi formación en sus inicios.
26    Lacan, J., “Presencia del analista”, en: El Seminario, Libro 11, Los cuatro conceptos fundamentales del Psicoanálisis, Paidós, Buenos Aires, 2003.
27    Lacan, J., “La dirección de la cura y los principios de su poder”, en: Escritos 2, Siglo xxi editores, Buenos Aires, 2001.
28    Mauro, R., Trashumantes del vacío.  Disponible en: https://drive.google.com
Como sostiene Florencia F.C. Shanahan: “Se trata de no disponerse demasiado rápidamente a decir lo que es psicoanálisis y lo que no, desconociendo la implicación de un deseo singular a la base de cada acto que, como tal, no tiene garantía. Se trata de no sostenerse en la tradición, los significantes congelados en boca de la autoridad, o el saber muerto de lo ya dicho, con la ilusión de resguardar al psicoanálisis de su fantaseada degradación”.29

Momento de no-concluir precipitadamente: reinventar el psicoanálisis, aún.

Este tiempo pone de relieve especialmente lo imposible de esos oficios a los que Freud se refirió en 1925: educar, curar, gobernar. 30 Tareas que nos confrontan con lo que del goce permanece indomesticable e irreductible, haciendo obstáculo en esos lazos, mostrando lo que de ellos persiste siempre como inacabado; y empujando a la necesidad de inventar una y otra vez. A esa lista de imposibles se agrega, analizar.  Por ello, Lacan nos recuerda la molestia que allí anida, y a la vez el deber ético que se desprende para cada practicante de reinventar el psicoanálisis. 31

29    Shanahan, F., Modos de la presencia. Disponible en: https://zadigespana.com
30    Freud, S., “Prólogo a August Aichhorn, Verwahrloste Jugend”, en: Obras Completas, t. XIX, Amorrortu editores, Bs. As., 2007, p. 296.
31    Lacan, J., "Conclusiones del IX Congreso de la EFP, 6-9 de julio de 1978”. Disponible en: http://elpsicoanalistalector.blogspot.com
Quienes sostenemos también como apuesta la enseñanza del psicoanálisis en la Universidad estamos hoy, además de cansados y apabullados por la virtualidad, mordidos por algunas preguntas: ¿cómo es posible sostener la apuesta sin la presencia de los cuerpos? Si la relación al saber no puede articularse sino a partir de cierta erótica, ¿qué de ella en tiempos de plataformas educativas y foros virtuales?
Mientras estas preguntas aguijonean el cuerpo, me entero de que los alumnos (en la Universidad y también en el Nivel Medio de la Enseñanza) arman campeonatos digitales entre sus docentes. Votan y organizan un fixture con eliminatorias.  Hacen circular por las redes esta ocurrencia.  Pienso: “se las arreglan para sostener un gusto por vivir en estos tiempos”.  Recuerdo un dicho popular: “sobre gustos no hay nada escrito”.  Quizás el psicoanálisis no aspire a otra cosa que a acompañar a algunos en la escritura de un gusto por vivir propio.  Una escritura que se aproxime a lo poético con sus efectos de resonancia vital en el cuerpo.32

“Huérfanos todos, de los sentidos y los mundos que tuvimos.
Presos insomnes en un tiempo continuo, que perdió el calendario y avanza sin motivos.

32    Lacan, J., El Seminario, Libro 24,  “L´insu que sait de l´une-be-évuue s´aile ´a mourre”, 1976-1977, inédito.

Privados de los cuerpos en su roce fortuito, o amoroso, o dañino;
o todas esas cosas que sólo son posibles, si nos roza algo vivo.
La orfandad desespera, angustia, es lacerante.
Y empuja al frenesí de un hacer infructuoso,
vano intento de asir las briznas de esos mundos.
Si la herida es agujero por donde entra la luz, como dice el poeta;
tengamos el cuidado de no coser al tiro, muy a tientas y a locas,
los pliegues desgarrados por el mundo perdido.
Cuidemos ese hiato, e inventemos un mundo que esté mejor zurcido.”

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