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2019

María Elena Lora
(NEL-La Paz)

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Un real, el horror y la crueldad

“Viernes 13 de noviembre de 2015, día de los atentados en París.  El mundo asistió atónito, al poder destructor empleado por los seres humanos, enfrentados en una contienda de una atrocidad sin precedentes”

Lo real es un término que se encuentra en los diferentes momentos de la enseñanza de Lacan y se va despejando de acuerdo a diversas propuestas teóricas, orientadas por el funcionamiento de los tres registros RSI y la teoría del goce. Así, Lacan hace de la noción de lo real un uso que le es propio, que no siempre ha sido el mismo; en esta misma dirección señala Miller que los avances de la combinación entre capitalismo y ciencia han logrado el desvanecimiento de la naturaleza, dejando un real, un resto desordenado. Sin embargo, es fundamental advertir que la categoría de real planteada por Lacan no es lo real de la ciencia, “no es un cosmos, no es un mundo, tampoco un orden, es un trozo, un fragmento asistemático” (…) es Un real encuentro de lalengua y del cuerpo  que no responde a ninguna ley previa, es contingente y siempre aparece perverso (…) es un real azaroso, en tanto que falta la ley natural de la relación entre los sexos. Es un agujero en el saber incluido en lo real”.(1)

Ahora bien, para abordar la noción de la crueldad, una vertiente es referirse previamente a la noción del mal. Desde esta perspectiva es orientador el texto titulado El mal del filósofo R. Safranski, en tanto desbroza un camino a través de la maleza constituida por aquello que se

ha venido planteando acerca del mal y permite vislumbrar que el mal no puede ser minimizado a partir de propuestas o soluciones educativas, ni jurídicas; se trata más bien de redirigir la mirada y reflexionar sobre el mal como un factor propio de innegable presencia en la  condición humana. Por otra parte, dota de mayor significación a la noción del mal por cuanto también este nombra lo amenazador, entendido como aquello que sale al paso en la naturaleza, allí donde ésta se cierra a la exigencia de sentido, en el caos, en la contingencia, en el agujero negro mismo de la existencia, haciendo que el hombre se sienta en situación de elegir la destrucción y la crueldad por la satisfacción de ella misma.

Quien también se remite al tema del mal desde diversos textos es Freud, el cual establece diferencias entre la agresividad, la destrucción y la crueldad, proponiendo la idea básica de considerar estas nociones como lo que hay que someter para poder construir una civilización. Lo importante a resaltar, es que el frenar, el domesticar, a saber, lo que permite constituirnos en un tejido social, deja siempre resquicios. Para ser civilizados tenemos que controlar los impulsos más crueles y destructivos; lo paradójico es que simultáneamente en la misma cultura,  encontramos transformadas en “síntomas” las manifestaciones de estos impulsos.
Al igual que otros de sus contemporáneos Freud quedó impresionado por las experiencias de la primera guerra mundial. La explosión de las fuerzas destructivas representó para él el final de la ilusión del progreso imparable de la humanidad. Al respecto, afirmó que si cesaba la represión civilizadora de los apetitos malos, entonces se mostraría que “los

hombres cometen actos de crueldad, perfidia, traición  barbarie” (2) y advierte que no hay exterminio del mal, más bien reafirma la imposibilidad de erradicar los impulsos egoístas, destructivos y crueles. Así, Freud en el siglo XX fue el que develó y compuso todo un catálogo de los espantos que la ciencia había descubierto.

Desde el trasfondo de esta experiencia desarrolló su teoría de la pulsión de muerte, y con ello cifra el comienzo de la fatalidad en el instante en que la piedra es perturbada en su quietud. En otras palabras, el hombre únicamente puede elaborar el saber de su finitud apartando la muerte de sí -matando la vida ajena- o bien dirigiendo las fuerzas destructivas contra sí mismo. Las fuerzas destructivas de la naturaleza humana, se presentan demasiado poderosas, ellas lograrán que el camino erróneo desde la piedra hasta la conciencia llegue a recorrerse a la inversa: desde la conciencia hasta la piedra; con esta metáfora indica cómo crueldad y pulsión sexual se conectan, se copertenecen. Freud afirma: “el ser humano no es un ser manso, amable, a lo sumo capaz de defenderse si lo atacan, sino que es lícito atribuir a su dotación pulsional una buena cuota de crueldad (…) el prójimo no es solamente un posible auxiliar y objeto sexual, sino una tentación para satisfacer en él la agresión, explotar su fuerza de trabajo sin resarcirlo, usarlo sexualmente sin su consentimiento, desposeerlo, humillarlo, infligirle dolores, martirizarlo y asesinarlo” (3). Es decir, que se mantiene unida la sociedad merced a que “son dos factores los que mantienen cohesionada a una comunidad humana: la compulsión de la violencia y los lazos afectivos, técnicamente llamados identificaciones, que unen a sus miembros”.(4)

De esta forma, Freud captó una doble cara de la existencia humana en la que el placer y su más allá se encuentran entrelazados, una trabazón a la que Lacan dio el nombre de goce y con ello designa la substancia más viva del sujeto. Lacan refiriéndose a la constitución subjetiva señala que el terreno común de todo sujeto por venir, implica un acontecer traumático, una disrupción; esta violencia del trauma, que entraña la contingencia del tropiezo con un real,  es lo que en todo sujeto constituye su singularidad; esta violencia, esta fractura se entiende como una experiencia  de desarme, de sinsentido, de desamparo aunada al empuje pulsional en esas condiciones.  El trauma no solo es el encuentro con el horror en esa una sola vez contingente, sino que es también el discurso del Otro, que siempre viene a decir, repetitivamente, que ese trauma no existe y tampoco tiene visos de retroactividad. Asimismo, cuando se produce la radical exposición al Otro, surge, la inmediatez de una presencia en el propio cuerpo, lo que lleva a comprender que la expropiación del cuerpo es la primera consecuencia de la vulnerabilidad del sujeto. Esto refuerza de manera pertinente que quien padece en un inicio la violencia, el desgarro, es el sujeto.
Por otra parte, la indefensión radical del sujeto ante el Otro conduce, de principio,  a interpretar la indefensión en términos de poder, esto constituye el hueso del fantasma. Entonces, es posible señalar una diferencia fundamental entre el acontecer traumático-violento, sinsentido de la existencia del sujeto y una interpretación de ese acontecer atribuida al poder que encarna el Otro. Esto da cuenta, en primer término, del inicio de la construcción fantasmática y su consecuente  montaje de sentido, en

segundo término, indica la constitución del núcleo del lazo social que aparece en las diversas significaciones que manifiestan ese lazo. 

Desde esta perspectiva, se puede inferir que la crueldad requiere que esa violencia originaria presente en el sujeto, esté vinculada al poder que encarna el Otro y que se ejerza por apropiación sin regulación y sin ley alguna. Son innumerables las formas de crueldad, pues pueden ir desde el asalto y exterminio del cuerpo del otro, hasta el sutil ejercicio de la humillación. En todos los casos es un ejercicio pulsional de poder, cuya lógica abre la vía de la satisfacción por la satisfacción en sí, una satisfacción cuyo límite lo pone la satisfacción misma y el soportar de la víctima.

En esta línea,  la crueldad anida en el seno del lazo social, es un componente de la intrincación pulsional y por tanto de la satisfacción del sujeto, que adquiere su protagonismo en la medida en que desconoce la ausencia de la relación sexual y se rige por la necesidad del Uno. Lacan enfatiza, en el Seminario VII, el goce como un mal y que esa maldad reside en su carácter de mal para el otro, llegando a  puntualizar que “en esta dirección, amar a mi prójimo puede ser la vía más cruel”(5). Así, en este texto nos advierte sobre lo atroz de la cólera y  de la maldad como algo “excesivo causado por una decepción, por un deseo no conseguido, por una ofensa inmerecida, por el fracaso, de una correlación esperada entre un orden simbólico y la respuesta de lo Real” (6).

Esta misma perspectiva, se reordena en el Seminario XVII donde la

inclusion del sujeto en un discurso determina un lazo social, en el que se aloja el objeto plus de goce en su relación al otro. Este objeto plus de goce, autoerótico, encarna el goce como mal y será solo a través del lazo social, en su acción sobre el otro, que toma la forma de la crueldad.

El siglo XX y el actual dan ejemplos en los cuales la posibilidad de ser crueles se despliega por todo el planeta, como señala Miller “nada es más humano que el crimen. Lo que parece más inhumano ha sido reintroducido en lo humano por Freud (…) El núcleo del sueño es una transgresión de la ley. Los contenidos son de egoísmo, sadismo, crueldad, perversión, incesto. Se sueña contra la ley (…)  los soñadores son criminales enmascarados”(7). Cabe recalcar que la crueldad es mayor cuando desaparece la diversidad, cuando el sujeto se anula en la masa buscando la inocencia y dimitiendo su responsabilidad.
Frente a esto, se plantea desde el psicoanálisis para el siglo XXI, una propuesta, la de tratar en tanto fundamental la experiencia del trauma, desplazando el juicio de atribución al Otro, y posibilitar que el sujeto pueda acceder a Un real del trauma, a fin de que la trama de la vida de un sujeto no se vea enteramente tomada por la crueldad en cualquiera de sus formas: el odio, la venganza, el resentimiento.
Para concluir, se trata de seguir  el desafío de construir una clínica sobre lo real, tal como indica Lacan, encauzados por lo que no anda, por lo real y orientados por el discurso analítico determinado por la práctica de un análisis. Un discurso que no hace caridad sino desecho; que tampoco implica buenas o malas elucubraciones de saber, sino que versa sobre lo imposible del Bien decir.

Ante el desorden de lo real, los psicoanalistas estamos concernidos y convocados a examinar la crueldad  desde una posición ética, en tanto se comprueba cuánta crueldad encierra el lazo entre los seres hablantes, que se instala en actos de espanto como el desprecio por la vida, la guerra, el hambre, el sufrimiento, la humillación, la arbitrariedad, la aterradora destrucción de los bio-ecosistemas de la naturaleza y el horror inquietante de los atentados terroristas.
Citas bibliográficas.-
1.- Miller, J.A. Conferencia “Lo real en el siglo XXI”,  Bs As, 26 de abril 2012.
5.- Lacan, J. “Seminario VII, La Etica del psicoanálisis”, Ed. Paidós, 1988, Argentina. Pág. 235.
6.- Lacan, J. “Seminario VII, La Etica del psiconálisis”, Ed. Paidós, 1988, Argentina. Pág. 127.
7.- Miller, J.A. “Nada es más humano que el crimen”, Conferencias porteñas, tomo 3, Ed. Paidós, Argentina. Pág. 78-79.
Bibliografía General.-
1.- Arendt, H. “La condición humana”, Ed. Paidós, España 1993.
2.- Arendt, H. “Eichmann in Jerusalem – Un reportaje sobre la banalidad del mal”, Ed. Penguin Books, 1963.
3.- Freud, S. “El porvenir de una ilusión”, Obras completas. Ed. Amorrortu.
4.- Freud, S. “ Más allá del principio del placer”, Obras completas. Ed. Amorrortu.
5.- Freud, S. “ ¿Por qué de la guerra?”, Obras completas. Ed. Amorrortu.
6.- Freud, S. “De guerra y muerte. Temas de actualidad”, Obras Completas, Ed. Amorrortu.
7.- Freud, S. “El malestar en la cultura”, Obras completas, Ed. Amorrortu.
8.- Lacan, J. “Seminario VII- La ética del psicoanálisis”, Ed. Paidós. Argentina.
9.- Lacan, J. “Seminario XVII- El reverso del psicoanálisis”, Ed. Paidós. Argentina.
10.- Lacan, J “Televisión”. Otros escritos, Ed. Paidós. 2012.
11.- Miller, J. A. Conferencia de presentación “Lo real en el siglo XXI”. Bs As 2012.
12.- Miller, J.A. “Conclusiones de PIPOL V”, AMP-Blog.
13.- Miller, J.A. “Nada es más humano que el crimen”, Conferencias porteñas, tomo 3, Ed. Paidós, Argentina. 2010.
14.- Safranski, R. “El mal”, Ed. Tusquets, España, 2000.
La Paz, 15 de noviembre de  2015
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